jueves, 10 de julio de 2008

LAS VIRTUDES DEL AJO

Las virtudes del ajo

Su corbata, con ajos cayendo desde el nudo, fue un poco de viento fresco en un encuentro semejante.

Cualquiera diría que el doctor Grünwald era un fotógrafo de moda, pero fue el moderador y organizador de Simposium sobre el Ajo celebrado la semana pasada en Universidad Libre de Berlín. Pero tanto la corbata de Grünwald, como su larga y canosa cabellera discretamente recogida, sólo fueron un guiño de simpatía dentro de un arduo debate científico para investigadores de medio mundo empeñados en demostrar de una vez por todas las cualidades terapéuticas del ajo. Y después de oir los resultados de los últimos estudios, seguro que muchas personas van a empezar a participar del mismo amor extravagante que siente Grünwald por un bulbo milenario que ya ha empezado a mover miles de millones de pesetas en la industria farmacéutica.
El simposium se centró básicamente en los resultados de estudios sobre cardiología. Los participantes -procedentes de EEUU, Canadá, Rusia, Alemania e Inglaterra- llegaron a conclusiones tan sorprendentes como que una administración regular de polvo ajo (en pastillas que contienen el componente activo) puede reducir el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un accidente cardiovascular en más de un 40%. Según dos de los trabajos, el ajo protege a los vasos sanguíneos de los depósitos de grasa; y las paredes de las arterias de las personas que toman ajo desde hace años son más elásticas que las de las personas que son reticentes a su consumo. Los datos de otro estudio mostraron un descenso del nivel de colesterol en suero y de la presión sanguínea de los pacientes que habían tomado preparaciones estandarizadas de ajo.
Contra el cáncer.
Aparte de los ensayos sobre cardiología, también se han investigado otros campos. Unos científicos de Texas han encontrado datos que muestran al ajo como un producto eficaz contra el desarrollo de cáncer de esófago, colon, cáncer de mama, piel y pulmón, en ratas. Unos trabajos realizados en Londres han demostrado que tomar ajo durante el embarazo puede reducir el riesgo de pre-eclampsia (aumento de la presión sanguínea y de retención de proteína en la orina), y puede ayudar a aumentar el peso de los niños que estaban destinados a ser muy pequeños. En casi todos los países desarrollados se está realizando alguna investigación sobre el ajo en esta y en otras áreas de interés, como la diabetes, las propiedades antibacterianas y antifúngicas del ajo, y otras más que están disponibles en el primer Centro de Información sobre el Ajo que se ha creado en Inglaterra, y que ofrece toda su información a través de la dirección de su correo electrónico garlicmistral.co.uk.
El doctor Grünwald anunció que el próximo diciembre aparece un libro (en inglés) que recopilará toda la información conseguida hasta ahora del estudio del ajo, con datos clínicos, ecológicos, toxicológicos, químicos, etc, con más de 4.000 referencias. Desde la más remota antigüedad hasta la era de Internet, la historia del ajo es tan fascinante que podría llenar coleccionables. Desde sus orígenes, que algunos sitúan en la región siberiana de Kirgiz, en el Asia Occidental, el ajo ha formado parte de la dieta y de la farmacopea de todas las civilizaciones. Se conserva una extensa literatura que refleja las fobias y las filias en torno a este condimento, aunque han tenido que pasar casi seis mil años desde que se empezó a utilizar el ajo para que sus efectos empiecen a demostrarse científicamente y a tomarse en serio.
El doctor Arthur Stoll, un médico suizo ganador del Premio Nobel, fue el que dio a conocer en los años cuarenta uno de los componentes básicos del ajo: una sustancia llamada Aliina. La Aliina es el componente «madre» -farmacológicamente inactivo e inodoro- del que deriva la sustancia activa: la Alicina, que es la que le da el olor característico al ajo que muchas personas no pueden soportar. El poder bactericida de la Alicina fue descubierto en 1944, y en Rusia puede encontrársela en algunos establecimientos, junto a los antibióticos, con el nombre de «Penicilina Rusa».
El catalizador del proceso conversor de Aliina en Alicina es una enzima llamada Aliinasa que también está en el ajo, pero en un compartimento celular distinto al de la Aliina. Y la transformación se realiza en la solución acuosa que se forma al cortar un diente de ajo fresco en dos o al machacarlo. El ajo cocinado pierde todas las propiedades que tiene el ajo crudo fresco, o sea, que para beneficiarse de sus componentes, tendríamos que tragar unos nueve dientes de ajo diarios, y, como dijo el doctor Grünwald, «no salir de casa en los días siguientes». Así que el olor del ajo, que proviene de algunos metabolitos de la Alicina que contienen sulfuro, está directamente relacionado con su potencial terapéutico y, a su vez, es el principal problema para la gran mayoría de personas, por lo menos en nuestra cultura. Hay otras culturas más tolerantes con este condimento para las que el «olor de ajo» no es más que «olor de ajo». Para nosotros, que tendemos a identificar el «olor» con el «mal olor», es sinónimo de «mal aliento». Pero un médico alemán logró encontrar la solución a este dilema, a mediados de los años 20, al lograr sintetizar el condimento en forma de pastilla. La píldora fue diseñada para que su contenido en polvo de ajo se vaya liberando a lo largo del intestino y se forme el componente activo sin notar el olor, y hoy uno de cada 10 alemanes toman pastillas de ajo. Estas píldoras sirven para que los más reticentes al ajo puedan aprovecharse de sus beneficios. El doctor A. W. Neil, de la Universidad de Oxford, asegura que los ingleses toleran más el ajo como medicina que en la cocina y por eso es más sencillo hacer estudios en Gran Bretaña, donde no están «contaminados» por la comida.
Hay que tener en cuenta que hay muchas variedades de ajo, y que cada una de ellas tiene un contenido distinto de Alicina. En cuanto al ajo fresco, Grünwald asegura que muchas veces los ajos que se consumen están cogidos hace muchos meses y por tanto su calidad es muy baja.
En el simposium de Berlín se dieron los resultados, algunos de ellos preliminares, de los últimos estudios realizados con pacientes a los que se les administraron grageas de ajo. El hecho de que las pastillas no huelan es muy útil a la hora de hacer comparaciones con un grupo control, en un estudio doble-ciego: tanto el grupo que toma ajo como el grupo placebo ingieren pastillas sin poder distinguir las que tienen ajo de las que no tienen nada. El doctor Neil realizó un meta-análisis a partir de 25 estudios clínicos controlados sobre los efectos del ajo en el colesterol y la presión sanguínea, realizados entre 1966 y 1993. Cada uno de los estudios, por sí solos, aunque diesen un resultado claramente positivo, no servían para determinar una terapia, de manera que Neil juntó los datos de aquellos estudios comparables para obtener una información más precisa, con un número mayor de pacientes. El mayor estudio de todos los que se han realizado en Alemania contó con 261 pacientes que fueron divididos en dos grupos, uno recibió placebo y otro tabletas de polvo de ajo. Después de 12 semanas de tratamiento, los niveles de colesterol se redujeron en un 12% en el grupo que recibió el ajo y los triglicéridos en un 17%, comparado con el grupo placebo. Como resultado del meta-análisis, Neil demostró que la administración de preparaciones estandarizadas de ajo puede reducir el colesterol en un 10% (30 mg/dl) y la presión sanguínea en un 8% (7,7 mmHg). Los resultados del estudio del doctor H. Kiesewetter, director del Instituto de Inmuno Hematología de Berlín todavía se hacen esperar. El equipo berlinés será el primero en proporcionar datos de un estudio a gran escala realizado durante un periodo de 5 años con 200 pacientes con problemas de coagulación.
Comparaciones.
Los expertos reunidos en Berlín llegaron a comparar el efecto antiateroesclerótico del ajo con el de la aspirina. Para el profesor Kiesewetter, 900 mg de polvo de ajo diarios a partir de la tercera semana son equivalentes a 300 mg de aspirina al día. A pesar de los resultados prometedores, es obvio que todavía queda mucho por investigar, pero el ajo tiene una gran ventaja: además de ser un medicamento eficaz es una sustancia natural que permite la automedicación y cuenta con la confianza de la mayoría de los pacientes. Sin embargo, Michael J. Wargovich, profesor de medicina del Centro de Cáncer Anderson, de la Universidad de Texas, cree que hay que comer más ajo, pero sin pasarse, porque en grandes cantidades podría tener efectos tóxicos.

No hay comentarios: