viernes, 21 de enero de 2011

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Instrucciones para ser Garzón

Careta del Juez GarzónPara ser Garzón hay que agarrar la máscara como si fuera un mapa. No basta con comparar la barbilla con el cabo del miedo o la frente con un mar bravucón lleno de piratas. Para empezar a ser Garzón hay que enfundarse una tijera e ir recorriendo el rostro con precisión de brújula. Cuando tengas la cara entre tus manos, sin volcanes ni cordilleras, hay dos opciones. La primera es seguir las Instrucciones para llorar que nos dejó Julio Cortázar. Con la careta cubriéndote el rostro déjate guiar: “Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas”. Paradójicamente, esta primera opción es bastante dolorosa. Comprobarás, siendo Garzón, al cerrar los ojos el dolor se hace casi insoportable: escucharás el llanto de las madres de la plaza de Mayo, los gritos de los torturados por el régimen de Pinochet. Olerás la sangre de los desaparecidos del franquismo. Por eso, aunque tengas coraje y te decantes por este camino, te recomendamos la opción dos. Es mucho más fácil: basta con ponerse la careta sin más, ajustársela pensando en lo imposible, en lo infinitamente justo. Entonces sentirás una energía inexplicable, una fiebre dulce e imparable. Sentirás el vértigo de Espartaco, el cosquilleo de Einstein, la determinación de Martin Luther King. Hay, eso sí, una condición indispensable para que funcione la opción 2: diviértete. Que no te engañen. La lucha, nunca, bajo ningún concepto, es aburrida. La justicia no es una losa. La memoria es cool. Cuando ya te sientas Garzón, déjate arrastrar por tu propio río. Entonces, Descárgate todas sus caras de la galería de Franconohamuerto.com (http://www.flickr.com/photos/franconohamuerto/). Imprímelas, compártelas, envíalas. Agarra la máscara. Póntela, pónsela. Para acabar de ser Garzón sólo te falta esperar una señal. Un aviso. Un día D. Mientras tanto, practica frente al espejo de los otros. Y no olvides el requisito imprescindible: diviértete.

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